Publicado el 17/07/2025 por Administrador
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Una nueva tragedia sacude a la ya devastada Franja de Gaza. Un bombardeo del Ejército israelí alcanzó la iglesia católica de la Sagrada Familia, la única parroquia de esta fe en todo el enclave palestino, provocando la muerte de al menos tres personas y dejando una decena de heridos. El ataque se produjo mientras el templo servía como refugio para más de 400 civiles desplazados por la guerra.
El impacto directo en el recinto religioso dejó como saldo a dos civiles mayores fallecidos, así como a un trabajador del templo. El sacerdote argentino Gabriel Romanelli, conocido por su labor pastoral en la zona, resultó herido por esquirlas, aunque su vida no corre peligro.
Este suceso ha generado una ola de indignación internacional. El Vaticano expresó “profundo dolor” y exigió la protección de los espacios religiosos y de la población civil. El Papa, quien ha seguido de cerca la situación de los cristianos en Gaza, reiteró su llamado urgente a un alto el fuego y pidió garantías para el respeto del derecho humanitario.
La comunidad cristiana en Gaza, compuesta por menos de mil personas, ha sido duramente golpeada por la guerra. La iglesia de la Sagrada Familia había sido un símbolo de resistencia humanitaria, funcionando como albergue, centro de distribución de ayuda y espacio de oración en medio del caos. Tras el ataque, varios sectores del edificio quedaron en ruinas.
El ejército israelí reconoció haber realizado una operación en las inmediaciones y calificó el ataque como “un daño colateral no intencionado”. Prometió una investigación interna para esclarecer los hechos, aunque no ofreció detalles sobre posibles responsables ni consecuencias dentro de sus filas.
Organizaciones de derechos humanos y expertos en derecho internacional subrayan que los espacios religiosos, especialmente cuando acogen civiles, deben ser considerados inviolables según las leyes humanitarias. De confirmarse que no existía una amenaza militar en el interior del templo, el hecho podría constituir una violación grave del derecho de guerra.
La noticia ha encendido también un nuevo foco de tensión diplomática. Países como Italia, España y Argentina han emitido comunicados condenando el ataque, mientras que en Líbano y Jordania se registraron manifestaciones frente a embajadas israelíes. En redes sociales, líderes religiosos de diversas confesiones han pedido el cese de los ataques indiscriminados y el respeto a los lugares sagrados.
Este ataque ocurre en un momento especialmente crítico para Gaza, donde tras casi dos años de ofensiva militar israelí, la infraestructura civil se encuentra colapsada, y el número de víctimas supera ya las 58.000, según fuentes locales. La población vive entre escombros, sin acceso suficiente a agua, alimentos ni atención médica.
Las negociaciones por un posible cese al fuego e intercambio de rehenes entre Israel y Hamas siguen sin avances concretos. Sin embargo, este nuevo incidente podría reconfigurar las presiones internacionales y elevar la urgencia de una tregua humanitaria sostenida.
Mientras tanto, los sobrevivientes de la iglesia intentan reorganizarse. Algunos han sido trasladados a otros recintos religiosos o escuelas en ruinas. La comunidad católica de Gaza, pequeña pero resiliente, continúa aferrada a su fe, aun cuando la guerra parece no tener fin.